PROYECTO UNOXUNO, CARLOS ALONSO EN MOVIMIENTO!

Lleva nada menos que 52 años trabajando desde la independencia, abocado a proyectos de pura libertad, en los que no rinde cuentas a nadie. Su nuevo disco, Impresionante, pone en un nuevo contexto canciones originalmente editadas en casete.

“¡Cállense!” La voz de Carlos Alonso interrumpe la lectura de un libro de medicina sobre úlcera de duodeno de Alberto Snider, guitarrista por entonces de Los Brujos. ¿Los Brujos? Sí, pero no esos Brujos: realizada en 1965 en los estudios Ayacucho, la grabación fue la primera del líder de UnoXUno, que más allá de esta exhumación arqueológica digital acaba de editar Impresionante, excelente disco que vuelve a constatar la originalidad de su proyecto: “Para los que escuchan electrónica somos como un grupo de rock haciendo electrónica; y para los que escuchan rock somos como un grupo de rock científico: estamos en el medio. Seguimos siendo una banda nueva”.

Brujo antes de los Brujos; rockero suburbano cuando San Miguel aún era casi una ranchada; vanguardista y pionero de la electrónica en los ‘80 casi sin proponérselo, Carlos Alonso sigue vigente. Impresionante coincide con varios cumpleaños: en 2016 Alonso cumple 66, 52 como músico independiente y 30 de UnoxUno: “El rock tiene que tener riesgo, y ahora no lo tiene. Yo soy de la época en que el rock era un fenómeno que rompía estructuras, y ahora no rompe nada. El rock ahora quizá está en un estadio en el que está casi totalmente absorbido por la industria de entretenimiento”, sostiene. Madrigal, Aquelarre (antes de Aquelarre), Revancha, Otoño, Barrio, Los Peores del Barrio, Los Caramelitos, Alga Rara: este hombre de San Miguel supo explorar el rock sinfónico, la experimentación, la electrónica y la improvisación y sintetizar todo en un proyecto inclasificable como UnoXUno.

El surf rock instrumental de Los Brujos confirma tanto la posibilidad que da el arte de inventar y vivir en universos paralelos como el ADN hiperrockero de Alonso: influido por The Shadows, Los Teen Tops y grupos mexicanos que ya hacían rock en español, Los Brujos logró cierto suceso, y tocaba muchísimo: “Tocamos en el Hotel Savoy el día del casamiento de Donald. Teníamos una onda medio surf, tocábamos vestidos de negro con un moño rojo con una perla y botas de charol. Un día apareció un tipo que nos ofreció llamarnos Los Pepsi y ser exclusivos de Pepsi Cola, que empezaba a instalarse en el país para competir con Coca Cola. Nos pusieron una sala de ensayo en Capital para motivarnos, pero no aceptamos cambiarnos el nombre. Los tipos no podían entenderlo, nos ofrecían todo el apoyo, girar por el país, pero no le hicimos caso”. Aún eran menores de edad: “Tocábamos con un permiso autorizado por nuestros padres ante escribano. En un momento nos contrataron en una discoteca de barrio Norte y durante tres meses tocábamos todos los días. Ahí aprendimos a improvisar porque la gente bailaba con lo que tocábamos, y de repente nos quedábamos sin temas”.

Esa práctica aún es parte de la esencia de su proyecto, que grabó todos los temas del disco (el último en el que toca su baterista, el gran Horacio Contursi) de una sola toma: “Cuando tenemos un show ensayamos a full 20 canciones. Y el día del show hacemos cualquier cosa menos lo que ensayamos”, comenta entre risas. En su sala de ensayo–estudio de San Miguel, Alonso ceba mate y enumera bandas que lo inspiraron: “Me acuerdo de las sesiones de escucha cuando salía un disco de The Beatles: apagábamos todas las luces, algo que ahora también hago para mezclas. The Kinks, Los Stones, Jethro Tull, The Byrds, Canned Heat, Lafayette”. Difícil encontrar rastros de estas bandas en Uno X Uno: “Hay cosas que escuché mucho después porque siempre me decían que lo que hacíamos se parecía a bandas que después fui escuchando y ahora me gustan, como Einstürzende Neubauten (por ahí anda dando vueltas una zapada suya con el también Bad Seeds Blixa Bargeld), Der Plan, Talking Heads, Velvet Underground, Chrome o The Residents”.

En Impresionante la principal referencia e influencia es UnoX Uno: las nuevas versiones de “64 memorias y ninguna flor”, “Hay un conejo en mi jardín” o “Melancólico Tango” rescatan canciones salidas en un formato (¿obsoleto?) como el casete: “Siempre editamos en el formato que sea: si da para hacerlo en disco lo hacemos en disco, si da para CDR lo hacemos en CDR y si da para hacerlo en casete lo hacemos. Nuestra mejor música ocurre en vivo, pero el casete es un soporte muy bueno aunque ya no hay muchas caseteras. A veces hago experimentos con alumnos que están acostumbrados al MP3 o MP4 y no pueden creer cómo suena. El audio es otro, no es verso: la compresión es más natural porque es algo muy orgánico que genera el mismo soporte de la cinta magnetofónica. Todos mis discos están grabados en cinta abierta. Es más: no lo masterizamos. Para mí el proceso de grabación termina en la mezcla. Capaz que a muchos músicos les cuesta interiorizarlo: la masterización es para equilibrar los volúmenes, o para poner en cada tiempo que haya 2 o 4 segundos, no sirve para más que eso. Si tocás los temas más o menos bien, vas a un buen estudio y lo grabás, lo que resta es mezclarlo. Se pierde el rango dinámico. Yo pertenezco a una agrupación internacional que se llama Not mastering”.

Saludablemente desconcertante, Alonso le dedica el disco a su padre, Horacio Roberto Alonso (1923-2010), ex empresario textil que se dedicaba “a hacer la ropa de las estaciones de servicio de Esso y demás marcas. Me bancó en una época que solamente por tocar te acusaban de lo que se pueda imaginar. Cuando mi viejo vivía, en la sala el comentario siempre era el mismo: ‘no puede ser lo que sabe tu viejo de rock’. Siempre estuvo ahí. Siempre fue un referente: en su momento fue al centro y nos compró equipos”. Ingeniero electrónico, profesor de matemáticas y de física acústica, Alonso es un maestro cuya principal lección es hacer siempre lo que tenga ganas, la libertad de explorar todas las posibilidades en cada momento para que “cada loco tenga su mundo”. “Una vez, en 1986, tocando ‘Melancólico Tango’, Oscar Reyna me preguntó cuál era el tono y yo le dije: ‘Tocá en el que más te guste’; después dijo que eso le voló la cabeza porque el rock era muy estructurado. Durante mucho tiempo tuve un gran conflicto, me preguntaba cómo iba a hacer a los 50, 60 años para seguir tocando rock. Y con UnoXUno descubrí que podía hacer lo que quería sin depender de nadie: me dio una libertad total, porque incluso los músicos tenían mucha resistencia porque no entendían lo que quería hacer. Y me di cuenta de que podía tener 80 años y seguir tocando como UnoXUno porque era algo atemporal. Mi camino es el de la independencia, la autogestión y la libertad en todo sentido. Sigo siendo el mismo inconsciente de siempre: si no, no seguiría haciendo música”.

FUENTE: Santiago Rial Ungaro – Pagina12 – Jul2016 –

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