No hay fórmulas en la música. Así, en el escenario como en la vida. Porque si bien identificamos naturalmente un riff con el rock, a veces olvidamos rescatar y reconocer otros instrumentos que suman sonidos. Desde siempre, la guitarra fue la que copó la escena. El bajo y la batería, mantuvieron su espacio como base de los grupos. La voz fue quien marcó algo personal en cada tema. Los coros, adornaron cada presentación.
Al igual que las luces, el teatro o el estadio que fue anfitrión de cientos de almas, entre idílicas, bohemias y hasta ingenuas. A medida que el fenómeno del rock nacional fue creciendo, la incorporación de nuevas ideas fue emergiendo. Así, la novedad fue, la incorporación de instrumentos no convencionales, hasta el momento.
Uno de los que recuerdo con mayor entusiasmo, por especial y hasta por su particular sonido, ha sido el violín. Y en nuestro rock, tiene nombre y apellido: Jorge Pischevsky. Mezcla de innovador y de quijote eléctrico, supo encontrar un lugar privilegiado en la primera etapa de crecimiento musical del movimiento nacional. Acompañó y enriqueció una banda legendaria, la de Billy Bond y La Pesada. Participó de una cruzada que, a la distancia, ejerció la lucha y la rebeldía a través de sus temas. Y además, contó con músicos que se destacaron individualmente como reales virtuosos. En ese marco, Jorge sumó un estilo distinto. ++CONTINUAR LEYENDO++
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